Reforma laboral y distribución del ingreso

Pareciera que las movilizaciones sociales y el descontento de la sociedad civil están en el orden del día en Chile. Aunque el modelo impuesto por la fuerza ha sido exitoso en el ámbito macroeconómico, nuestro país está cada vez más segmentado y dividido en castas con diferencias abismales y vergonzosas. Una estructura tributaria irracional, que grava a los más pobres y a la clase media, un Estado retirado de sus naturales funciones en búsqueda del bien común y un sistema laboral que ampara la fuerza y la precariedad laboral, ha dado sus frutos luego de decenios y pareciera que las diferencias entre los chilenos son insalvables. ¿Cómo empezar a construir un camino que revierta estas nefastas consecuencias? Estimamos que desde el ámbito del derecho del trabajo pueden darse los primeros pasos. Cabe advertir que no se trata de un tema técnico como algunos afirman. Detrás del derecho laboral hay siempre una visión ideológica que responde a la siguiente pregunta: ¿cuánto poder otorgaremos a los trabajadores? Por ello, las numerosas reformas de los últimos 20 años han sido estériles, dado que no han ido al fondo del problema, sino sólo han intentado parchar una legislación ultra flexible y desprotectora. Es necesario destacar que el derecho laboral no tiene incidencia directa en la marcha económica ni en el índice de cesantía. Países con alta o menos protección tienen más o menos cesantía, por ello no es serio sacar conclusiones apresuradas y operar como si se tratara de ecuaciones matemáticas. El derecho laboral busca la tutela del trabajador y la fórmula es clara y contundente: es necesario un sistema de negociación colectiva por área de actividad y un derecho de huelga reconocido como un verdadero derecho fundamental. Por eso, cualquier reforma debiera contemplar seriamente estas materias.

Los estándares laborales sobre los mínimos legales no debieran negociarse individualmente. Esto es obvio, el mercado de trabajo es de los más imperfectos que hay y las asimetrías de poder son brutales. No conocemos caso alguno en que una empresa haya caído en bancarrota por un trabajador que haya renunciado, no obstante, miles de trabajadores viven una verdadera online casinos australia bancarrota familiar al ser despedidos! Los estándares laborales más allá de los mínimos legales debieran negociarse por área de actividad (minería, pesca, forestal, servicios, agricultura, etc.), como en muchos países del OECD. Los mecanismos son variados, desde negociación directa entre las multisindicales de empleadores y trabajadores, o por medio de comisiones tripartitas por área o a través de mecanismos estatales de extensión de beneficios. De esta forma se ajustan los beneficios a las realidades de cada sector y los trabajadores tienen la fuerza para exigir su justa retribución por el trabajo otorgado.

A lo anterior, se hace indispensable el reconocimiento del derecho de huelga, derecho humano esencial en el derecho Occidental. La huelga debe permitirse por razones económicas, por falta de condiciones de higiene y seguridad en la empresa y por prácticas antisindicales. Debe prohibirse, terminantemente, cualquier tipo de reemplazo de trabajadores en huelga. Sólo de esta forma es posible reequilibrar la falta de poder de los trabajadores. Aunque estas reformas parecen imposibles en el Chile de hoy, más parecido a un feudo que a un país democrático, es necesario que lleguemos a acuerdos concretos que permitan a los trabajadores salvaguardar su dignidad. Que no se diga que la negociación por área afecta a las pymes, dado que si eso fuera cierto, países como Noruega o Finlandia no tendrían pymes… La negociación por área iguala los costos laborales de grandes y pequeñas empresas, e impide que los grandes paguen menos a sus trabajadores que los más pequeños (como ocurre a veces en nuestro país). Que no se diga que un derecho de huelga de verdad generará caos total. En los países de mejor nivel de vida en el mundo, como Canadá, Noruega o Finlandia, el derecho de huelga está realmente reconocido y ha ayudado a repartir los beneficios de la riqueza. Resulta difícil pensar que los trabajadores no estarán a la altura de las circunstancias, luego de la gesta de los 33 mineros. Por el contrario, al parecer, en Chile, es la elite que no está a la altura de avanzar para ser de verdad un país del primer mundo.

Sergio Gamonal, Rafael Pereira y Pablo Arellano

Profesores de derecho del trabajo