Beneficios para quién? Mejorar qué?

Fabiola Cabrera

Columnista invitada

Se ha aprobado en el congreso una “Reforma” tributaria que aunque no se quiera asumir es regresiva.

Todos los partidos políticos chilenos adhieren a la intención de disminuir la enorme desigualdad en la distribución de los ingresos que destaca a Chile como uno de los países más desiguales del mundo. 

 

A pesar de que aún hay algunos sectores, que todavía defienden la desigualdad como un derecho a diferenciarse de los otros, o como un incentivo económico para aumentar el esfuerzo laboral, existe un consenso amplio en el discurso que algo debe hacerse para disminuirla. Para una sociedad que gusta de los rankings, aparecer como los peores de cualquier comparación es inaceptable. Para los políticos, por supuesto, es una excelente oportunidad para apropiarse de la retórica de justicia social y llegar a las personas con frases para el bronce. 

Hemos escuchado mil discursos vociferando justicia social, dignidad para todos, igualdad de oportunidades. Pero poco se escucha sobre las poderosas razones económicas para disminuir la desigualdad. En primer lugar Rodrik y Alesina en el año 2010 encontraron fuertes bases para sostener que países con una mayor desigualdad exhiben un performance económico peor que el de economías más equitativas. Sí, a mayor desigualdad menor crecimiento esperado. Esto ha sido confirmado por varios economistas en diversos aspectos y perspectivas, e incluso antes que ellos. Se ha visto por ejemplo que en el largo plazo, las políticas de crecimiento que incluyen aspectos redistributivos son más efectivas que aquellas centradas sólo en crecimiento, se ha visto también que el costo asociado a las políticas redistributivas es similar o menor que no hacerlas, puesto que en el largo plazo, el aumento de brechas impacta negativamente en los sistemas sociales públicos y en otras variables que tarde o temprano deben ser asumidas. Chile hace tiempo que ha comenzado a exhibir los costos de una mala distribución, que todos pagamos, pero sin que nadie quiera aceptarlo de manera explícita.

En segundo lugar, a ciertos niveles de ingreso, el mejoramiento en las variables sociales no se explica por el aumento de los ingresos, es decir, crecer más no significa que estaremos mejor. Entre los países desarrollados (todos con un coeficiente de Gini bastante menor que el chileno) los más desiguales presentan de manera sistemática, mayores niveles de delincuencia, drogadicción, afecciones psiquiátricas, desconfianza, infelicidad, obesidad y embarazo adolescente, entre otros factores. Todas estas variables no necesariamente mejoran con un aumento en los ingresos, pero sí es claro, que todas estas variables sociales son peores en países más desiguales. Por lo tanto, lo que se quiere enfatizar aquí, es que la desigualdad excesiva es dañina para la economía.

En tercer lugar se podrían mencionar una serie de argumentos morales, que se internan en un terreno complejo de lo justo, y que como Amartya Sen muy bien lo analiza, requiere de parámetros que sean universales y que ciertamente no es tarea fácil describirlos en un par de líneas. Sin embargo, sí es posible afirmar que a mayor desigualdad hay menor cohesión social y por ende, se afecta a la base de las sociedades democráticas.

Por todo lo anterior, resulta inconcebible e inexplicable, cómo en uno de los países más desiguales del mundo se sigue legislando para aumentar las brechas.

Partamos de la base que cerca de la mitad del presupuesto nacional descansa en un impuesto que todos sabemos que tiene consecuencias regresivas. El IVA que grava el consumo, golpea con más fuerza a las familias de escasos recursos que no pueden ahorrar, peor aún, más de la mitad de los chilenos tiene altos niveles de endeudamiento que no se visualizan disminuyendo en el futuro. Una reforma tributaria que no toque el FUT no es una verdadera reforma, puesto que es el sistema implementado para que los de más ingresos sigan eludiendo impuestos. Llama la atención por qué un estudio de Jorge Cantallopts, Michael Jorratt y Danae Scherman (2007), que entrega líneas concretas de una reforma que es capaz de mejorar significativamente la mala distribución del ingreso, es casi desconocido. Se actúa sobre el FUT y se rebaja el IVA al 5,5% ¿se imagina cuántos libros y computadores podrían ser comprados con ese IVA por personas que hoy no pueden? O al menos ¿hipotecando menos futuro?

El beneficio tributario de incentivo a la educación agrava la ya marcada segregación de clases sociales aumentando la desigualdad puesto que es un beneficio que prácticamente no llega a los primeros cuatro quintiles. El beneficio es un descuento al impuesto de segunda categoría o global complementario, que evidentemente sólo pagan los que más ganan. Existiendo este beneficio, quienes pagan un monto X en educación, ahora podrán pagar un monto X más el beneficio (que es mayor para quienes ganan más) y por ende acceder a un colegio mejor o generar incentivos para aumentar los valores de la educación privada, que desde ya, no tiene buena relación entre costo y calidad. Por ende seguir aumentando la brecha entre establecimientos. Se debe recordar además que educación privada no es sinónimo de calidad. Ni hablar de quienes no tienen ninguna posibilidad de elegir y deben aceptar la escuela o el liceo municipal menos malo (si es que no son discriminados a la entrada como en los liceos de excelencia).

Así vamos agrandando las barreras entre nosotros, haciendo que generaciones completas se ignoren mutuamente, dando paso al resentimiento social, a la falta de entendimiento, a la intolerancia. ¿en qué se sostiene una nación fragmentada en grupos que nada tienen en común? Dime a qué colegio vas y te diré cómo vives, cómo piensas, qué serás y cuánto ganarás. No me hables de méritos ni potencial sino sólo cuánto puedes pagar.

Muy mal presagio para la educación chilena, para la distribución de los ingresos, para el sistema nacional de innovación y esto implica muy mal presagio para el performance económico del país.

A nivel internacional, es evidente que hace mucho tiempo que la educación dejó de ser una política social. La educación ha sido, es y será la estrategia del desarrollo económico y social de los países. Es allí donde se realizan las verdaderas y necesarias transformaciones para el futuro.

La autora es Master Public Affairs Sciences Po, París, Master Gestión, PUCV e Ingeniero Comercial, PUCV.